La mañana era fresca pero el sol ahí arriba en las alturas prometía, con su brillo y su calor, un hermoso día. La llegada de la primavera ya se hacía sentir pues los prados y bosques colindantes vestían sus mejores ropajes con los colores mas vivos y sus originales adornos. Los árboles extendían y agitaban sus ramas alegremente dando los buenos días al sol.El viento correteaba de aquí para allá haciendo danzar a las hojas caídas silbando una cancioncilla alocada mientras esparcía por doquier multitud de aromas que agradaban el olfato. Las flores coquetas, poco a poco, se unían a la danza meciéndose suavemente con la tonadilla y mostraban orgullosas sus iridiscentes joyas al sol, presentes de las estrellas de una noche despejada, que el duende rocío les había entregado.
Un pájaro trinó muy cerquita, después un segundo un poco más allá le respondió, luego un tercero y un cuarto cantaron a coro y así uno tras otro comenzaron a ensayar su hermosa melodía pues una mañana como aquella, les alegraba los corazones. Lentamente todo iba despertando, ahora aparecía una mariposa que con su grácil y silencioso vuelo y la belleza de sus alitas daba su toque personal al gran tapiz de la campiña, después una ardilla saltaba agilmente de rama en rama haciendo alarde de sus habilidades, iba recogiendo frutos para su desayuno, unas nueces jugosas unas apetitosas avellanas y unos ricos piñones.
¡por cierto!...¿he dicho desayuno?
¡huuummm!, ya me llega el olorcillo del reciente pan tostado, el aroma de un dulce y suave chocolate humeante y las ricas tortitas con nata!, es hora de tomar un buen desayuno y después salir a pasear por el bosque.
¡BUENOS DíAS!
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